16-Junio-2007 Ruta del Fulcro.

 

Quedamos en Valdemaqueda para tomar el cafetito de rigor, tras el cual empezamos ruta sin comprar pan ya que se presentaba un día lluvioso y las posibilidades de comer de picnic eran escasas
Empezamos, como no, confundiéndonos de camino. Una vez en el bueno disfrutamos de una interesante trialera de bajada que terminaba en un pequeño vadeo. A continuación subimos a un mirador que estaba en lo alto una montaña bastante alta, tan alta que nos metimos dentro de la nube así que no pudimos mirar. Como no veíamos nada y dejó de llover nos pusimos a tomar un piscolabis. En el descenso, Pistolo tuvo la brillante idea de pinchar la rueda delantera derecha, sin otro motivo aparente que enseñarnos su nuevo gato, gato que no terminaba de caber debajo del coche, así que tuvimos que usar el de Chacel para subir el coche y hacer hueco para el suyo.
Como nos habíamos retrasado y no llegábamos a tiempo a la comida que habíamos reservado decidimos tomar un atajo. Nos encontramos con una alambrada. Nuestra intuición de expertos exploradores nos decía que rodeándola conseguiríamos llegar a la carretera que estaba allí mismo, como que la habíamos visto momentos antes (se veía desde todas partes menos desde el mirador). Al final resultó ser un camino sin salida y con sorpresa. Llegamos abajo y se terminó el camino, aún así Malcorzo en un impulso de optimismo veía salida y apostaba por seguir campo a través ladera abajo, pero los demás no teníamos semejante impulso y lo veíamos demasiado chungo, como atestigua mi descenso incontrolado piedra abajo mientras inspeccionaba el terreno.
Bajar con los coches bajamos muy bien, bueno con algún que otro golpe en los bajos, pero lo chungo fue subir. También fue bastante complicado dar la vuelta a los coches, pero lo conseguimos.
Pistolo, no sabemos como lo hace con el coche de serie, ruedas de serie, todo de serie menos el gato, pero cuando nos dimos cuenta estaba arriba. Ahora le tocaba a Cris y la verdad es que dejó aquello como un patatal, que no había manera de subir por la piedra que momentos antes Pistolo había pasado como si nada, por más que apretaba los dientes. Terminó arrancando el ñasco que había en el camino y dejándolo en todo el medio. No había otra solución que subir con mucha inercia así que manos a la obra, y aquí es donde tubo todo el protagonismo el “Fulcro”. Mira que nos costó, pero al final lo conseguimos. Eso sí, un poco mas y hacemos una carretera. Cris y Chacel inauguraron semejante obra que podía ser la envida de fomento.
El del restaurante seguía esperándonos (esto también nos es familiar) y como era imposible saber que más sorpresas nos depararía el día, decidimos buscar sitio para comer. Había dejado de llover y el Sol salía de vez en cuando. Cominos estupendamente, pero sin pan.
Después de comer y hablar de nuestras cosas fuimos al pueblo más cercano a tomar un cafetito siguiendo parte de la ruta. Después del café nos despedimos de Pistolo y nos fuimos por otro atajo a ver un puente romano.
Mira por dónde en la gasolinera Cris observó que Chacel llevaba baja la rueda, siií, también la delantera derecha (culo veo-culo quiero). El caso es que no se como lo había hecho, pero había metido piedrecitas entre la llanta y el flanco del neumático y perdía aire por allí, cosa extremadamente difícil, pero nada rara tratándose de Chacel. Tuvimos que deshinchar completamente la rueda y haciendo palanca con la uña de la llave de aflojar las tuercas y con la manguera de agua de la gasolinera conseguimos solventar la situación, todo esto bajo la intensa lluvia que había vuelto a hacer acto de presencia.
Ahora podíamos proseguir y lo hicimos cogiendo otro atajo para visitar el Puente Romano que hay junto a Cebreros. Hicimos unas fotos y fin de la aventura.

 

Iniciamos ruta con una preciosa trialera de bajada.

Para continuar un pequeño vadeo.

Sibimos a un pico donde se podía disfrutar de bonitas vistas.

Y así hubiera sido de no ser por la niebla.

En la bajada el coche de Pistolo sifrió un pinchazo.

Inprovisamos ruta por un atajo.

Que resultó no tener salida.

Aunque sabemos de uno que si le hubiesemos dejado...

Tubimos que dar la vuelta. La subida algunos la hicieron con destreza.

Y otros fueron algo menos elegantes y mas brutos.

Ya con todo resuelto repusimos fuerzas.

 

El coche de Chacel tubo envidia del de Pistolo, la misma rueda y todo.

Y para finalizar una visita turística.

Hasta la próxima.