12-13-14 Octubre-2007

Alborea - Hoces del Cabriel.

 

- Jueves, 11 Octubre: Al final acudimos a la cita albaceteña las familia Kong y Pistolo, llegando esta última un poquito antes para preparar el asalto a la zona. Fue una suerte, pues las tan anunciadas lluvias que se prometían por la zona, no se hicieron esperar pillando a Cris en pleno camino, y lo de llover a cantaros en esta ocasión no era una metáfora. Salí a buscarlos a las afueras del pueblo y como pudimos descargamos el coche y a las crías, por que vaya manera de llover. Un poquito de tertulia, exploración de la casa y a dormir, que el día siguiente prometía.

Toda la noche llovió sin parar,pero además con ganas, y venga a dar vueltas en la cama, de verdad que pensaba que al día siguiente no podríamos salir. Los caminos de la zona son muy arcillosos, y a poco que llueva se hacen casi intransitables, pero bueno, no se ha escrito nada de los cobardes, así que ya se vería al día siguiente.

- Viernes, 12 Octubre: Como es habitual en mi casa, a las ocho tocan diana, un rápido vistazo por la ventana, Y SEGUIA LLOVIENDO. Desayunamos, vestimos a la trole y a buscar a la familia Kong y a Aniceto, compañero de fatigas en las rutas albaceteñas, pero viendo el percal, no sin antes cambiar el sorento por el Suzuki, que en estas situaciones me inspira mucha más confianza. Colocamos a Eva con su tía, llenamos depósitos e iniciamos ruta.
Los caminos de la meseta, salvo charcos sueltos, que eso sí, algunos parece que te quieran engullir, se encontraban en bastante buen estado a pesar de la fuerte lluvia, pero la cosa cambio en cuanto empezamos a descender a la depresión que forma el valle del Cabriel. Abría camino Aniceto con su Vitara levantado y sus ruedas de tacos, seguía el Sorento de Cris y cerraba la caravana mi SJ.

El descenso lleno de barro no tenía desperdicio, y algunas curvas con peralte cambiado y precipicio cerquita acojonaban, pero había que bajar al río, cuyo camino paralelo a éste estaba todavía bastante peor que el de bajada, y es que no toda el agua que cayó la noche anterior bajo por los barrancos, y se formaron unos charcos, sin escapatoria, capaces de comerse un coche.

Al llegar abajo decidimos desviarnos un poquito para deleitarnos con un platanero “enoooooorme” que se encuentra a la orilla del río, si no recuerdo mal nos juntamos 9 entre adultos y críos para abarcarlo.

Volviendo sobre nuestros pasos buscamos otro camino de subida que en sus tiempos era una trialera de las de quitar el hipo, y encima sin retorno, pues un desprendimiento colocó una roca que ocupaba todo el camino y hacia imposible dar la vuelta a un coche de mas de cuatro metros, pero lo habían arreglado recientemente, y aun así la subida era de reductora, por lo menos para mi suzuki, que lo que no le sobran precisamente son caballos. Aparcamos al lado del camino, no sin hacer patinar los coches del barro que cubrían los caminos y ahora a pie nos dirigimos a unos de los puentes que se realizaron antes de la guerra para el brazo ferroviario Baeza-Utiel. La subida impresiona, pero ascendimos como pudimos, y las vistas merecían la pena, aunque algunos pasaron mas miedo que vergüenza en lo alto.

Y si la subida impresiona, la bajada acojona, pero no había mas remedio, no nos podíamos quedar indefinidamente, así que un poco de valor, nos colocamos los adultos como pudimos y formamos una especie de escalera para bajar los churrumbeles y las mujeres. Una vez abajo proseguimos la marcha pedestre hasta llegar al Toyo de la Tortuga, una cascada de unos 15 o 20 metros caída vertical que a formado un pozo muy bonito de ver, y de nuevo los accesos de miedo a las alturas volvieron a florecer.

Vuelta a los coches y seguimos ruta de nuevo a buscar el río. Una noria nos esperaba para jugar un ratito con ella, a ver quien la hacia girar mas, arto complicado por cierto, y de nuevo en marcha hacia el mirador de una aldeita pegada al río de nombre Los Carceles.

Aprovechamos esta parada para reponer fuerzas, pues ya habían tocado las tres campanadas y todavía nos quedaba ruta. Ya por carretera subimos hacia Villamalea, no sin antes parándonos a “descubrir” la Cueva del Ángel. Esta preciosa formación se encuentra totalmente escondida, hasta que no se baja no se puede apreciar la belleza de la zona, y la bajada también se las trae, cuerda a un árbol, alguna que otra culetada y para abajo. Precioso, cascada, lago, cueva, imposible de explicar, mejor ver las fotos.

Con esto dimos por terminada la ruta y vuelta para casa, ya por carretera, que era muuuuy tarde,  fabadita de lata, cafelito en la terraza del bar de la plaza y colarle los críos a la Sra Matilde, (mi madre) para que se acostumbrasen unos a otros y nos dejaran a los mayores un poquito de libertad, que aprovechamos lo mejor que pudimos acercándonos uno de los balnearios (Baños de la Concepción), de los que dispone el pueblo vecino de Villatoya, donde aprovechamos para probar un circuito de aguas termales y baño turco, del que nos tuvieron que echar por pesaos, y luego una cena intima (sin críos, ¿a que da envidia?) en el hotel Aros de Casas Ibáñez. Cuando acabamos y suppppppppppppper relajados, recogimos a los críos (algunos ya dormidos) y al nido, que el día había sido movidito.

- Sábado, 13 Octubre: Este día lo teníamos reservado a una ruta para machotes, así que la familia se quedó disfrutando del pueblo. Quedamos en El Pontón con jipi (Raúl), que vino de Valencia y nos metimos un almuerzo, para eso de irnos conociendo mejor. Una vez con energía empezamos y la verdad es que nos deleitó con una ruta tirando a dura.

El Sorento ésta se la perdió, y tengo mis dudas de que hubiera podido hacerla, por lo menos en mis manos. Hubo trialeras bastante fuertes, desde el punto de vista del Sorento, porque los Suzukis se merendaban los pasos complicados. En una de las paradas descubrimos junto al camino un montón de Boletus, así que en un “pis-pás” teníamos hecha una buena recolección.

El trazado discurría a veces por el medio de cortafuegos, cosa que solo he visto en Valencia, y las pendientes son de vértigo. Como anécdota, casi al final del tramo de camino llegamos a una V impresionante, de esas que sabes que bajas pero que no tienes tan seguro que luego puedas subir por uno u otro lado, y en la subida se podía apreciar una bifurcación en el camino, por la que le preguntamos a jipi que cual debíamos coger.

El solo había circulado de bajada, justo al revés de cómo íbamos nosotros, así que nos acercamos a observar y la verdad es que los dos tramos tenían casi la misma pendiente, la diferencia era que el de la izquierda tenia un escalos de 30 o 40 cm, así que mientras los demás deliberaban, cogí  el Suzu y para arriba, y vaya que si paso, esta acción no les dejo mas remedio a los compañeros de fatigas que demostrar que tanto  el Jimny como el Vitarilla podrían cuando menos seguir el paso del vetusto SJ, y lo consiguieron, pero les costó mas, jeje.

También diremos a favor del Jimny que iba con ruedas de carretera. Acabamos la ruta en Siete Aguas y volvimos hacia Requena por la vía de servicio, con algún pasito complicado todavía.


Una vez terminada la ruta,  para casa, a degustar un cocido que nos prepararon nuestras chicas. No tuvimos tiempo ni de café, nos quedaba la tarde para poder acercarnos esta vez al Jucar, concretamente al pueblo más bonito que franquea este río, Alcalá del Jucar. Lo característico de este pueblo son sus casas, con una pequeña fachada y el resto excavado en la roca,  el castillo que preside el pueblo desde lo alto y la plaza de toros ovalada que hace lo mismo desde casi el cauce.

Vuelta ya de noche para casa, que había que preparar en barbacoa las chuletillas y el embutido para la cena, amen de un plato de boletus recién cogidos. En esta ocasión nos acompañaron Aniceto y señora, que aparecieron con el presente de un vino blanco de la zona, ganador de una medalla de oro en un concurso vitivinícola en Bruselas (no he podido evitar hacer publicidad de la Manchuela).

Un poco de tertulia y al sobre, que al día siguiente nos esperaba de nuevo otra ruta, esta vez por el Jucar, sus cortados y sus embalses.

- Domingo, 14 Octubre: Todo iba demasiado bien, Paula llevaba tosiendo y con un poquito de fiebre todo el fin de semana, pero aguanto, y la que amaneció con la cara hinchada y rojiza fue Eva, así que de nuevo hacia Casas Ibáñez, pero esta vez la ruta empezaba y acababa en el ambulatorio. Alergia a una crema, un pinchazo de Urbason y asunto arreglado, pero ya sé hacia imposible poder salir al campo, de modo que nos quedamos en Alborea, los críos en el parque y los mayores forofos aprovechamos para contemplar un land rover muy preparado que nos encontramos aparcado en la plaza del pueblo. Nos subimos a casa a dar cuenta de unas migas extremeñas que nos preparó Conchi con todo el cariño del mundo (cualquiera le dice otra cosa, se le tuvo que quedar el brazo como al Shuarseneguer, seguro que no se escribe así, de tanto mover una sartén tan grande con una cucharilla tan pequeña),

y que buenas estaban, con su choricito, su pimientito, su......ya he mojado el teclado otra vez.........

Y con esto ya solo nos quedaba recoger un poquito la casa, cargar coches y hacer marcha hacia mi odiado Madrid.

PD: Cuanto me gusta mi pueblo
PD2. Y a Nosotros tambiennnn.